
La respuesta es sencilla, nos equivocamos al valorar las cosas.
Las personas están para ser amadas. Los objetos materiales para ser usados. El mundo está como está porque los objetos están siendo amados y las personas utilizadas.
Deja tu mente volar, déjala volar hasta que encuentre un lugar en el que reposar al fin
De todos, o al menos sí de muchos, es sabida mi nula capacidad para comprender a las mujeres, para no caer en generalidades diré que para comprender a “algunas” mujeres.
Dada mi condición de expatriado ciertos amigos y conocidos han decidido venir a visitarme en los meses que llevo fuera de España, una de ellas decidió venir a visitarme y así me lo comunicó. A los pocos días me dijo que los había pensado mejor, y que dado el escaso interés que yo había demostrado por su posible visita, no vendría. Yo le dije que me haría ilusión que viniese pero que era su decisión, así que preferí no tocar el tema.
Mi forma de ser con estas cosas suele ser siempre así, me gusta respetar las decisiones que toman los demás y no me inmiscuyo en ellas, de esa forma cada uno las toma de acuerdo a sus propios criterios y no a mi intervención.
Meses más tarde volvió a surgir el tema, ella, claro está, lo sacó. “Parece que no tienes ganas de que vaya a verte” y comentarios similares volvieron a rondarme, todo ello orientado a que yo la insistiese para así “convencerla” a venir. Al final acabé cayendo en su juego, y la insistí, cosa que va tan poco conmigo como comer alfalfa.
Tras varios días de tira y afloja con el tema terminó por decidir que no vendría. Por mi parte le expresé mi decepción al respecto y mi renuncia a hablar más sobre este tema concreto.
No entiendo porqué marea nadie tanto la perdiz si luego al final decides no venir…