
En estos días en los que la gente se junta con sus familias, amigos y demás, acaban surgiendo tiranteces y pueden surgir enfados.
Siempre he mantenido que aquel que se enfada tiene dos problemas: Enfadarse y desenfadarse.
La verdad es que si hay algo que verdaderamente me caracteriza es que soy un tío consecuente. Mantengo las cosas que digo hasta extremos inimaginables y, por supuesto, jamás pido algo que yo no doy. Por desgracia la gente no suele ser así, y es algo que en ocasiones olvido y que me produce cierta desazón, pero hay que aceptar que cada uno es como es.
Esa es mi forma de ser y de pensar, por ello no me enfado con la gente, creo que no merece la pena, que no me reporta nada a mí, ni a ellos. Un enfado no repara un desaire, una queja no cambia una actitud, si no te gusta lo que ves, no lo mires, si no te gusta cómo te tratan, no te acerques a ellos.
Supongo que como casi siempre, es más fácil decirlo que hacerlo